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Por eso me ama el Padre: porque entrego mi vida para volver a recibirla. Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla. Este es el mandamiento que recibí de mi Padre.

Juan 10:17-18

Estas palabras de Jesús causaron una división significativa entre los judíos con quienes estaba hablando. Algunos incluso lo acusaron de tener un demonio. Fue un reclamo radical, decir que fue capaz de renunciar a su vida y luego retomarla nuevamente. No es de extrañar que algunos de sus oyentes lo llamaran loco. Este hombre afirmó que podía morir y volver a la vida. La verdad es que sería una locura, es decir, si no fuera cierto. Como sabemos, cumplió su promesa. Dio su vida por nosotros y luego la retomó.

Lo que es tan poderoso acerca de este pasaje no es solo que Cristo predice su muerte y resurrección, sino también la forma en que habla al respecto. Él deja muy claro que nadie puede quitarle la vida sin su consentimiento. Debe dejarlo por su propia autoridad. Cristo no fue arrestado, torturado y asesinado contra su voluntad. Por el contrario, es solo porque era su voluntad, de acuerdo con la voluntad de Dios el Padre, que soportó esas cosas y entregó su vida por nosotros.

Recuerda que Jesús eligió dar su vida por ti. Recuerda que Jesús fue a su muerte voluntariamente, sabiendo que tenía el poder y la autoridad para destruir el mundo si así lo deseaba, pero en su lugar eligió morir por nosotros. Sabía que era necesario que sufriera para ser redimidos. Él eligió nuestra redención sobre su propia vida. Eso es lo mucho que nos ama. Nunca olvides eso. No tuvo que morir, sino que decidió hacerlo. Su deseo de que tú y yo tengamos salvación fue mayor de lo que cualquier dolor o sufrimiento podría quitar. Y así se logró. Alabado sea el Señor.

Oración

Padre celestial,
Gracias por enviar a tu único Hijo a este mundo pecaminoso por nuestro bien. Gracias, Jesús, por dejar tu lugar legítimo en el cielo para caminar entre los hombres en la Tierra, para enseñarnos, guiarnos y sacrificarte por nosotros. Que nunca olvidemos tu deseo desinteresado de redimirnos, y que nunca dudemos de tu gran amor por nosotros.
En el nombre de Jesus,
Amén 🙏

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