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Entonces les contó esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, pero, cuando fue a buscar fruto en ella, no encontró nada. Así que le dijo al viñador: “Mira, ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no he encontrado nada. ¡Córtala! ¿Para qué ha de ocupar terreno?” “Señor —le contestó el viñador—, déjela todavía por un año más, para que yo pueda cavar a su alrededor y echarle abono. Así tal vez en adelante dé fruto; si no, córtela”»

Lucas 13: 6-9

Esta pequeña parábola no es una de las más conocidas en los evangelios. Es breve y no es una gran historia, pero tiene un gran significado.

Jesús acababa de advertir a quienes lo escuchaban que se arrepintieran de su pecado para que no perecieran. Sigue esa advertencia con esta historia. El dueño de la viña ha visto durante tres años cómo una higuera no da fruto. Finalmente, decide que ya no es útil conservarlo. Él le dice al cuidador que lo corte. El cuidador tiene una idea diferente. Él dice que cavará a su alrededor y lo fertilizará, hará un esfuerzo adicional y se preocupará por darle a este árbol una última oportunidad para dar fruto. Si en ese punto aún no florece, entonces se deshará de él.

Afortunadamente para nosotros, Jesús es nuestro cuidador. Cuando parece que no somos buenos para el Reino de Dios, que no estamos dando fruto, sin hacer discípulos, sin hacer bien, Él interviene para darnos otra oportunidad. Él dice: “Déjame fertilizar un poco más. Dales un poco más de tiempo. Todavía hay esperanza.”

Jesús nunca terminó la historia para contar lo que le sucedió al árbol. ¿Dio fruto al año siguiente o se redujo? Bueno, supongo que Jesús quería dejar eso en nuestras manos. Esta historia requiere una respuesta. No es solo un cuento de hadas que termina felizmente para siempre. Es un desafío. Jesús está suplicando a sus seguidores que se arrepientan, que lo sigan y que den fruto. Un árbol bien regado, bien fertilizado y bien enraizado dará sus frutos. Es la naturaleza del árbol. De la misma manera, si somos alimentados por el agua viva de Jesucristo, fertilizados por el Espíritu Santo y arraigados en el evangelio, produciremos fruto. Está en nuestra naturaleza.

Arrepentirse. Apártate de tu pecado, la mala tierra que te impide dar fruto, y permite que Jesús te dé la gracia que te dará una segunda oportunidad.

Oración:

Padre celestial,
Ayúdame a ver el pecado en mi vida. Ayúdame a alejarme de mi pecado con todo mi corazón hacia ti. Dame otra oportunidad. Ayúdame, fertilízame y da fruto a través de mí.
En el nombre de Jesus,
Amén. 🙏

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